19 agosto 2010

….and then she told me nice to meet you.


No recuerdo la primera vez que escuche hablar de ella, solo sé que con el pasar del tiempo alguna que otra vez escuche su nombre en las conversaciones de la gente, es tan popular que he llegado a pensar que ya nacemos sabiendo de su existencia. La primera vez que la vi supe reconocerla inmediatamente, la sentí, la palpe y hasta respire su perfume; recuerdo que hacia mis practicas medicas en urgencias, apenas cursaba el primer semestre, solo era un bulto mas vestido de blanco de los que solían rondar por ahí.

Mi trabajo consistía en poca cosa, ser la sombra del médico adscrito a la consulta, ayudar a la enfermera a realizar algunas curaciones de lo más simples y abrir la puerta principal para darle paso a los pacientes ambulatorios que requerían atención medica disque de urgencia, aquello eran puras uñas enterradas y dolores de cabeza sobreactuados para justificar la falta laboral. Aquella tarde todo parecía tan rutinario, abrí la puerta y me encontré con una mujer que no me dio tiempo a nada, por reflejo moví las manos y recibí el peso del niño que llevaba entre sus brazos, no pasaba de cuatro añitos, tenía un tono grisáceo en la piel, los ojos cerrados, la boca ligeramente abierta y estaba frio….jamás olvidare la sensación de escalofrió que me provoco cuando me aferre al cuerpo del niño y lo lleve a la camilla más cercana.

Todo paso tan rápido, aunque en mis recuerdos aquel momento siempre aparece en cámara lenta y sin sonido; me aleje hacia una esquina y deje que el personal realizara su trabajo, observe asustada cada movimiento, cada expresión, vi a la madre aferrarse al cuerpo de su hijo, por un buen rato solo se escucho llanto y gritos desgarradores. Fue ahí, la primera vez que nos presentaron y la mire de frente, su presencia siempre impone, llenándolo todo de tensión y de silencio, siempre aparece sin ser llamada, acostumbrada a tomar y llevarse todo lo que se le antoja, nunca nadie nos presento formalmente pero ambas sabemos de la existencia de la otra, no somos enemigas, solo somos parte de dos bandos diferentes, yo peleo la vida y ella…La Muerte.

En el paso de los años nos hemos vuelto a enfrentar infinidad de veces, en algunas ocasiones con más frecuencia de lo que a mí me hubiera gustado, pero siempre así, tan ella, tan fría, tan triste…me reta, me observa y me deja hacer como si jugáramos una partida de ajedrez detenidas en el tiempo, a pesar de que nuestros encuentros nunca pasan de minutos. Algunas veces no sé si esta distraída o si me deja ganar a propósito, sé que nunca saldré victoriosa del todo y que a lo mucho solo consiga ganar un poco más de tiempo y un poco mas de vida…pero jamás me cansare de intentarlo.

5 comentarios:

tulipan dijo...

Hola Kymer

En mis tiempos de estudiante estuve en un lugar, en donde Ella como tu la llamas ya había ganado la batalla, pero no aguante mucho, siempre me afecto.
Yo también estoy en tu bando peleando la vida, desde lo que me toca como bióloga, pero lo único seguro es que algún día no nos vamos a poder escapar de Ella, por lo pronto sigue jugando contra Ella.

Te mando un abrazo reconfortante

ΛgƎиda Ladяidø dijo...

es curiosa tu opinion al respecto

alguna vez tuve alguna charla con un amigo medico, él pensaba que ambos juegan del mismo bando

me decia que "lo que el ser humano no puede aliviar, la muerte si puede"

él veia a la muerte como el remedio infalible para cualquier cosa

Kymer dijo...

Tulipan: Me creerías si te digo que la que juega es ella…

Agenda Ladrido: “él pensaba que ambos juegan del mismo bando” “él veia a la muerte como el remedio infalible para cualquier cosa” ¿quién era tu amigo el Dr. Kevorkia? jajajaja –broma-

En parte también estoy de acuerdo con la opinión de tu amigo, es por eso que no considero a la muerte como mi enemiga, sobre todo cuando veo la calidad de vida de mi paciente decaer y medicamente no hay mucho que hacer...todos merecemos una vida digna, la muerte no tiene porque ser diferente.

Mar dijo...

Sabes Kymer, hace 12 años caí en cuenta que en las salas de urgencias todo es apariencia, ahí ronda el miedo con voz apagada y de pronto lanza un grito, como un fuego fatuo electrizando el aire. Entonces todo tiembla en una sacudida breve pero intensa, te deja inmóvil, fría, incapaz de pensar o reaccionar y así te quedas, respirando agitadamente y con los ojos bien abiertos, esperando a que pase una brisa momentánea y se lleve toda esa pesadumbre. Es entonces cuando sientes, en un momento fugaz, el horror de la inmortalidad.

Vaya desde mi lugar un abrazo que se esconde de la Siempreviva.

Kymer dijo...

Mar: Tus palabras siempre son poesía para mis oídos. Me has hecho recordar un episodio que no estoy muy segura si deba contar…me lo pensare y a ver si lo posteo :)