29 marzo 2011

Vértigo...

Los días se me han vuelto algo vertiginosos, ¿podría ser el efecto de las torundas con alcohol que a diario le exprimo a mi café? ó ¿acaso son efectos secundarios del empacho de amor?

Lo único cierto es que me paso la mitad del tiempo buscando un punto fijo que me sirva de apoyo y la otra mitad tratando de caer con dignidad, si es que existe una caída digna cuando se padece una laberintitis de los mil demonios y se vive la incertidumbre de cada paso, con efecto de carrusel poseído en cada giro de cabeza.

El contagio ha sido inmediato, no solo el centro del equilibrio se vio afectado, también el epicentro de mi genialidad - donde sea que quede eso -. Ahora mismo las ideas dan más vueltas que un mexicano haciendo trámite en ciertas oficinas de gobierno.

A falta de más discursos o enfermedades de las cuales quejarme, dejo mí lista de los tipos de pacientes que existen en el mercado…. inclúyanme en una de estas:

Paciente que busca un médico-mago: Este tipo de paciente cree que va a visitar a un brujo o adivino, espera que le digan que es lo que le pasa y que tratamiento tomar, sin necesidad de explorarlo tan solo con ver su carita asomarse por la puerta.

Paciente que acude a certificar: Es el paciente que cree saber lo que tiene, busco sus síntomas en internet y va con el medico porque quiere que se lo confirme. Y de paso así poder presumir que él lo supo siempre y eso que no se tuvo que chutar los 10 años de medicina que te chutaste tú. Porque en “el internee” está todo….

Paciente con ganas de intimar: La mayoría de las veces a este espécimen no le duele nada, solo tiene ganas de conversar al estilo bohemio; nada más cruzar la puerta comienza a tutearte, practicarte bromas pesadas y te habla como si fueras un viejo amigo de la infancia, de esos a los les dice “wey” antepuesto a cualquier enunciado o pregunta.

Paciente obligado: Es el tipo de paciente poco cooperador llevado a la fuerza o bajo amenazas por el familiar, no habla porque no le da la gana o porque su madre no dejaría hablar ni a un santo, entonces para el caso es lo mismo. El familiar presiona al médico para que reprenda a la víctima por los habitos y costumbres que a la parte entrometida no le parecen sustentables.

Paciente con síndrome de modelo porno: Individuo que no conoce de inhibiciones, le vas a explorar el abdomen, le pasas a la sala de exploración y en lugar de subirse la camisa, te lo encuentras medio desnudo, digo “medio” porque siempre se dejan los calcetines puestos. Esta no es cuestión de géneros yo lo he vivido de manera proporcional.

Paciente inquisidor: No tiene ánimos de aprender, a estos solo les interesa indagar que tanto sabe el galeno, poner en duda y a tela de juicio cada enunciado dicho. La consulta termina por convertirse en un interrogatorio de la Gestapo.

Paciente Coladera: Le explicas lo que padece, una y otra vez como maquina repetidora, le das indicaciones a detalle y la información pasa como liquido en colador, no retiene nada. Para él recordar que tiene amigdalitis es como querer recordar la fórmula de la bomba atómica.

Paciente secretaria: Le entregas la receta con todos los detalles de la ingesta y horarios de cada medicamento, y se dedica a transcribir con su puño y letra lo que claramente imprimió la computadora en el trozo de papel.

Paciente farmacéutico: están interesados en saber para qué sirve cada medicamento en palabras simples, lo anotan al lado del nombre con el fin de tener su propio esquema de medicamentos y soluciones para los diversos problemas de salud, para después prescribir a diestra y siniestra a sus conocidos y familiares.

Paciente dos por uno: Aprovecha la consulta para preguntar tu opinión sobre algún caso o ya de plano descaradamente te piden una receta por algún antibiótico para el hijo de un vecino.

Paciente Fatalista: Viene a verte por una uña enterrada pero el jura que es gangrena y se la pasa despidiéndose de sus familiares.

Paciente: No veoooo….no veo nada…buaaah

Kymer: ¡Pues, abra los ojos!


Ahora ya me puedo retirar a seguir dando vueltas…..

22 marzo 2011

Seguramente tú también me desagradas...



El Maestro Hipócrates


Así que te sientes mal. Desde hace tiempo sabes que estas enferm@ -aquí cada quien imagine lo que tiene, se vale desde una enfermedad de transmisión sexual hasta escabiasis, pasando por hipotiroidismo y/o champiñones en las pesuñas- asumes no postergarlo más y un buen día decides acudir al médico, después de todo ya son nueve meses de incógnitas, rezos y remedios caseros. Has acudido con dos brujos, un chamán, la partera de la colonia y aquello sigue sin mejorar.

Acudes con un médico que te recomendaron en la oficina, veinte minutos después termina la consulta, sales de ahí convencid@ de no volver jamás, no importa si la atención fue buena, el ente que estaba al otro lado del escritorio te resulta más pesado que una vaca en brazos.

La verdad es esa, el 70% de los pacientes pasan de mano en mano hasta dar con un individuo de bata blanca que sea de su completo agrado y les resulte simpático. No importa mucho si estudio medicina en Harvard o en algún curso por correspondencia. Mis propias amigas lo comentan mientras se recomiendan ginecólogos según aspecto o que color de ojos.

¿Alguien se ha preguntado qué pasa cuando es al médico a quien no le cae bien su paciente? ¡Sos-presa! Esa sí que no la esperaban. Y antes de que se saquen el juramento hipocrático de la manga, debo aclararles que en ningún sitio dice nada sobre la obligación del galeno a que le simpatice su paciente -lo revise dos veces en el idioma del texto original, aunque lo mío es más el náhuatl-

Bastante tenemos ya con cargar el secreto profesional para todas partes sin juzgar sus enfermedades de transmisión sexual y parafilias como para todavía tener la obligación de sentir agrado por el individuo. Y a pesar de que seguramente el 50% de ustedes nos desagradan bastante, optamos por dejar nuestras ideas de lado para brindarles la atención que quisiéramos le dedicaran a nuestra familia de encontrarse en una situación similar.

Así pues cuando un medico les resulte antipático y les caiga en la punta del dedo gordo seguramente el sentimiento es reciproco, la diferencia radica en que él te seguirá viendo cuantas veces sea necesario sin importar horario, porque es lo que hay que hacer para vivir. De ahí la idea de que somos mártires de la bata blanca, no por lo que hacemos sino por las personas a las que tenemos que aguantar U_U

Este ha sido otro mito resuelto por su servidora de siempre Kymer y la explicación de porqué nuestro amado Hipócrates sale en todos los bustos con cara de asquito.

PD: Visto que hay bastante materia sobre el tema, me dio para una segunda y muy probable tercera parte, tons esperen secuela….

BlogStar de PacoTilla Tiene razón :O .... Cuanta genialidad hay en esta mujer.

03 marzo 2011

Dos con todo...

Hoy voy a contar la historia de aquel día en que le quite un riñón a un paciente delante de su familia y después se me resbalo el donante de la camilla, aunque si lo pensamos bien, más feo hubiera sido que se me resbalara el órgano.

La tensión y la oscuridad de aquel quirófano debieron ser suficientes para despertar sospecha de que algo saldría mal, ¿además de los topos quien más podría operar en la oscuridad? -Stevie Wonder no cuenta, pues no es cirujano- la familia del donante se miraba triste, bien sabían que aunque contribuiría a una buena causa, este sería el final de su amado pariente.

Ahí estaba yo asistiendo a mi maestro en la cirugía que con habilidad manejaba el bisturí, un corte por aquí y una rebanada más allá, mientras yo iba secando la herida con servilletas pétalo, porque al parecer en mis sueños estas absorben más que una compresa…

Esto me pasa siempre que veo el Discovery Channel o Ma-Kymer me manda a la carnicería.

Ya se dieron cuenta que cara esta la carne?

02 marzo 2011

Verdades a medias...

Si se va a decir una mentira por lo menos debes de sacar un beneficio…

Decir que te dieron un balonazo en el ojo cuando en realidad te golpearon entre tres a la salida de la escuela no beneficia a nadie, muy particularmente si al que le mientes es al médico, pues no es lo mismo la fuerza de un balón a un puño cuyo dueño está bastante enojado contigo porque le bajaste a la novia. He ahí un ejemplo de la necesidad del propósito de la mentira.

Yo podría decir que en todo este tiempo no escribí ninguna nueva entrada porque soy una mujer demasiado ocupada, con una agenda atiborrada de pacientes, reuniones, conferencias y congresos…. ¿Pero, cuál sería el propósito? Encubrir que me la he pasado viendo Glee y jugando videojuegos mientras hago un curso de EKG en línea en donde los maestros hablan un argentino muy pausado y me duermen las neuronas.

La mentira es el arte de torcer la verdad a conveniencia, de manera parcial o total, pero el chiste es torcer algo. Mentir es engañar de manera intencionada y conciente para beneficio o satisfacción del que dice la mentira.

El que miente no siempre tiene el propósito del engaño, a veces mentimos para proteger o disfrazar una verdad demasiado cruel a nuestro juicio, sin embargo la causa no justifica el hecho.

A veces distorsionamos la realidad porque es lo que el otro espera oír, por ejemplo no siempre le digo a un paciente que lo que estoy a punto de hacerle le dolerá, sobre todo cuando es un niño con una herida sangrante y una mamá histérica en su esquina.

Por otro lado hay quienes prefieren escuchar una mentira cuando no están dispuestos a atender una verdad, ejemplo claro de ello son las decenas de pacientes que llegan en mis noches de guardia con un cuadro de ansiedad, se rehúsan a aceptar lo que padecen, casi siempre prefieren creer que es un infarto, un aneurisma o cáncer en el corazón. Se la pasan realizándose estudios cada vez más complejos con resultados siempre negativos. Esas son las primeras víctimas de los charlatanes.

¿Podremos entonces culparles de mentir cuando lo único que están haciendo es satisfacer las necesidades del cliente? Por supuesto que sí, en las relaciones de este tipo siempre existen dos culpables y la responsabilidad debe ser compartida.

Así que no me culpen de mentir cuando diga que no les dolerá nada arrancarles la uña del dedo gordo del pie, que yo solo digo lo que ustedes quieren oír….U_U