03 marzo 2011

Dos con todo...

Hoy voy a contar la historia de aquel día en que le quite un riñón a un paciente delante de su familia y después se me resbalo el donante de la camilla, aunque si lo pensamos bien, más feo hubiera sido que se me resbalara el órgano.

La tensión y la oscuridad de aquel quirófano debieron ser suficientes para despertar sospecha de que algo saldría mal, ¿además de los topos quien más podría operar en la oscuridad? -Stevie Wonder no cuenta, pues no es cirujano- la familia del donante se miraba triste, bien sabían que aunque contribuiría a una buena causa, este sería el final de su amado pariente.

Ahí estaba yo asistiendo a mi maestro en la cirugía que con habilidad manejaba el bisturí, un corte por aquí y una rebanada más allá, mientras yo iba secando la herida con servilletas pétalo, porque al parecer en mis sueños estas absorben más que una compresa…

Esto me pasa siempre que veo el Discovery Channel o Ma-Kymer me manda a la carnicería.

Ya se dieron cuenta que cara esta la carne?

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