12 abril 2011

La vida es así...


Ante lo inexplicable bailemos una cumbia...

Ya tenía dos noches sin dormir como se debe, no es para sorprenderse que casi siempre termino la semana de esa forma. Tal vez fue por eso que me pareció buena idea asistir a una conferencia sobre obesidad al concluir la jornada, para después disfrutar de una cena con alto contenido calórico y dosis gratis de alcohol, cortesía de la empresa que patrocinaba el evento. Pasamos tanta hambre y malos tratos en esos tormentosos años de preparación médica, que no hay galeno en el mundo que se resista a una noche de gorroneada. Si yo les contara la sarta de camarones y canapés que se han desperdiciado en estos eventos, a veces creo que lo que intentan hacer mis colegas en sus platos es una réplica de alguna pirámide, empalman tanta comida en el plato que como mínimo tres camarones cocteleros terminan en el suelo.

Ya en mi hora de salida, trate sin mucho éxito maquillarme las ojeras, me prepare para una charla y una cena en solitario (Gamer canceló su asistencia al evento) guarde el esteto y colgué el disfraz de súper héroe en el perchero, me coloque el abrigo y apague la luz del consultorio, a punto de llegar a la salida me detuvo la recepcionista, la experiencia me ha enseñado que cuando esto sucede no es para nada bueno. En la sala de urgencias un paciente de último momento me esperaba. Estaba más que claro… adiós platica y adiós cena.

Me encontré con un costalito de huesos tendido en la cama con cara de dolor, sus padres tenían cara de angustia, yo solo cara de fastidio reprimido con ojeras de mapache.

La historia del niño pudo haber sido como la de cualquier escuincle inquieto de 10 años de edad que se la pasa trepando todo lo que se le pone a su paso, solo que este se cayó de una terraza y después le golpeo un ladrillo. Espero que les quede claro cuando digo que no solo el universo lo lanzo de la terraza de un segundo piso, ¡oh no!… también lo remato lanzándole un ladrillazo, pieza desprendida del muro que hacía de barandal divisorio entre la tierra firme y el abismo.

Mientras lo exploraba recordé las leyes de Newton, esa que aplica muy bien a los camarones en las pirámides de canapés de mis colegas ó a los niños que trepan terrazas, también recordé a mi tío Eulalio, y sí, mi tío poco tiene que ver en esta historia, pero que puedo hacer si mis neuronas son así de incoherentes cuando están cansadas.

El tío Eulalio siempre llevaba puesta su gorra de capitán, curiosamente nunca trabajo en la marina, no comía mariscos ni le gustaba el pescado, su profesión siempre había sido la de chofer de camiones, vivía en una área semidesértica a las afueras de la ciudad rodeada de rancherías, pero siempre iba a todas partes orgulloso portando su gorra de capitán.

Ahora que lo pienso nunca lo vi sin ella. De niña creía que su intención era asemejarse a Popeye, solo que esta versión no comía espinacas y fumaba cigarro y no pipa.

Para los que les interese saber y para los que no pues también, quien le manda haber caído tan bajo y chutarse lo que escribo, el tío Eulalio murió de un cáncer de laringe y se llevó su gorra de capitán con él. El niño del ladrillo…. Bueno ese trepara bardas en un par de semanas más, muy a pesar del ladrillazo, en ese cuerpo escuálido y desnutrido habitan huesos fuertes, enriquecidos con maseca, coca cola y sabritones, no se rompió nada, nomas puro magullamiento de las carnes y el pellejo. Nótese mi genialidad y eso que el trapo me lo deje en el perchero cuando lo atendi. U_U

Ante tanta incoherencia y verborrea, ¿Alguien tiene alguna teoría que explique mejor el porqué de la gorra de capitán de mi tío Eulalio?

PD: Cruzando los dedos, para ver si me voy de vacaciones.... Quien se apunta?

2 comentarios:

Mir, the lucky bastard dijo...

Maseca, coca cola y sabritones, con semejante mezcla nada se puede romper... jajajaja. Saludos Doc!

Kymer dijo...

Saludos Mir. Es la dieta del pueblo para huesos resistentes U_U