15 abril 2011

La vida inútil de un medico recién graduado...




Y bien… ya terminaste la carrera de medicina, de panzazo y repitiendo materias pero ya tienes un pedazo de cartón con tu foto que te acredita como tal, ademas de licencia para matar incluida con chorro mil números; mismos documentos que tu mama fotocopio y mando laminar en chiquito, ósea tamaño cartera, como si fuera estampita de santo para traer en el bolso y así poder presumir en las reuniones.

En el mundo perfecto que has creado en tu hermosa cabecita, la vida pasa en cámara lenta sin prisas, sin desperfectos, después de todos esos horrorosos días de internado en urgencias y de esas interminables noches en la sala de T.O.C.O. sacando renacuajos por decenas piensas que el universo está listo para premiarte y retribuirte el sacrificio.

Te dan tu carta de liberación del servicio social y una palmada en la espalda si bien te va, cruzas la puerta y te conviertes en medico desempleado con título nuevo bajo el brazo. Decides tomarte un par de días de descanso para gozarla con tus cuates, salir por los antros y emborracharte como vikingo para gritar a los cuatro médicos que ya eres “doitor”. En casa les parece lógico tu proceder y hasta te dan dinero para que despilfarres.

Posterior a tanto goce y descanso presentaras el examen nacional de residencia médicas de especialidad para hacer cirugía de trasplante o neurocirugía espacial que se yo; en tu plan te vas de casa por unos cuatro o seis años más a seguir viviendo a costillas de papá y mamá por unos meses en lo que te dan tu beca, ahora además de tener que seguir manteniéndote y pagando los estudios tienen que pagarte la renta del depa, porque eso de vivir en el hospital te resulta estresante. Tu calidad de vida cada día mejora, eres un medico exitoso, simpático, adorable, el alma de las fiestas, en pocas palabras eres como el Kaliman de la medicina y sin mucho esfuerzo, nada más por ser tú te sale todo a pedir de boca. (Imagínese efecto de disco rayado)

He aquí un poco de realidad…. que para eso está la Dra. Kymer.

Nada más tienes el título en la mano, tu familia se la pasa mandándote a sus conocidos para que les des una consulta gratis. No pasas el examen para hacer una especialidad a la primera, ni a la segunda, menos a la tercera; después de tres años consecutivos de intentarlo sin éxito, en los cuales no trabajas (con el pretexto de que estudiaras hasta que te sangre el cerebro) siguiendo bajo la protección de la chequera de papá, en casa te dan un ultimátum. ¡Ahora tienes que trabajar!... pues temen que lo poco que aprendiste en la universidad se te olvide U_U

Muy a pesar de que eres un holgazán, la familia decide apoyarte y ayudarte a montar un consultorio, que diría la sociedad si te ven trabajando en una carpa ambulante de las del sector salud, desconsolada opina tu madre. Sin tener la menor idea de lo que estás haciendo o lo que te espera, comienzas la travesía de lo que podría ser la peor aventura de tu vida. Ese es el principal problema de las decenas de profesionales que recién egresan, el yo puedo nada más porque estoy bonito y me veo muy chulo con mi trapito puesto.

Intentar montar un consultorio no es nada fácil, la simple ubicación lo dice todo, la consulta médica se rige semejante a los restaurantes, no manejamos estrellas pero si zonas con variación de honorarios a según qué área se esté pisando. Si estas en las afueras de la ciudad, lo ven todo muy limpio y con mucho lujo pensaran que eres caro y nadie entrara; si lo ven muy sencillo en una zona de mucho lujo pensaran que no sabes nada y eres un ser inferior que no merece vivir, mucho menos ponerles un dedo encima y te segregaran hasta quedar exterminado.

Una vez elegida la ubicación existen una serie de requisitos para obtener la licencia sanitaria, registrarse en hacienda, contratos con la empresa del manejo de los residuos peligrosos, el permiso u uso de suelo (como si fueras a buscar petróleo), la aprobación de bomberos y otra sarta de trámites burocráticos, hacer los arreglos necesarios a la estructura del espacio que vas a rentar, decorarlo, contratar una línea telefónica e internet, servicio de cable para que no se enfaden los cientos de pacientes que atenderás diariamente mientras esperan, una lana pal’ cura que te remojara las paredes y otra para la fiesta de inauguración, como si se tratara de la feria del pueblo.

En este caso pasara lo que sucede el 99% de las veces, y es que no se pare nadie a solicitar servicio en semanas. Pasan los meses y tus ingresos son insuficientes para pagar las cuentas. Ahí comienza el trágico descenso hacia la realidad.


PD: Voy a dormir una siesta y regreso a colgar la segunda parte.

1 comentario:

oculta y feliz dijo...

Hola, que nice leer en estos momentos el blog...recién egresada, sin título aun por culpa de la tesis...y si armando el consultorio, quizá no sea alentador lo que escribes, pero es nice la dosis de realidad jajaja