20 septiembre 2011

Uno de esos días...



Desde aquella accidentada primera vez paso más de un año, un vago de poca monta, de esos que dan la impresión de tener más vidas que un gato, un rozón de bala le fracturo la tibia, algunos de sus amigos no corrieron la misma suerte. Supongo que son este tipo de situaciones las que determinan la conducta, cambiar o seguir igual. Muchos meses después, aquí estamos otra vez en el abismo oscuro de un par de pupilas dilatadas, la esperanza de una vida que no fue y que no quiso ser nada más que lo que quiso. Hay días en los que me pregunto si esperaba más de mí, un hombre tan joven, debe ser terrible que te declaren muerto, sobre todo cuando la plenitud de la vida que gozabas te hizo creer inmortal.

Aquí yace inerte, cual objeto inanimado, frió, sin latido cardiaco y sin pulsos, percibo su miedo, grito ahogado de negación, capitán temeroso que se niega aceptar que su barco se ha hundido, se aferra al deseo de la vida que ya se le extinguió. Cierro sus ojos, y cubro su rostro con el resto de la sábana blanca, afuera nunca hubo nadie esperando por él. Un último sorbo de café, tal vez un suspiro y me alejo pensando en los ecos de lo que pudo ser, tratando de poner buena cara para que el pequeñín que me espera coopere y me deje suturarle.

No existen segundas oportunidades, vives el presente arando los caminos del futuro.

16 septiembre 2011

En pocas palabras...


No hay mal que dure cien años, ni examen de residencias médicas que no llegue, por fin soy libre… vuelvo a retomar mis viejas costumbres, bueno no todas, decidí renunciar de manera voluntaria a eso de derrochar cientos de miradas lascivas y escurrir litros de babas cuando veo a mujeres en bikini, no porque mi novia sea celosa, claro que no, los celos no son problema en nuestra relación, pero pellizca mejor que una jaiba cazando camarones, entonces más que nada es por mera precaución u_u

Llevo media semana intentado publicar esta entrada, mismo tiempo que llevan interrumpiéndome las buenas intenciones los cientos de escuincles lesionados, más que escolares parecen víctimas de algún bombardeo. Es trabajo, no me quejo, me gusta y lo disfruto mucho, sobre todo cuando logro que algún escuincle no llore muy a pesar de clavarle una aguja con anestésico en la herida, si así de eficaz soy, pura magia….jajajajaja.

Los verdaderos motivos de mi ausencia comenzaron el día que me dispuse a buscar un nuevo reto profesional, una nueva meta, un panorama distinto. Una que goza de los malos tratos y esas ganas sobradas por matar el tiempo fueron las que me llevaron a solicitar una plaza para especialidad. Entonces no me quedo más remedio que ponerme estudiar como energúmena y olvidarme de ciertos placeres, pero eso sí, tan trabajadora y amorosa como siempre, solo que sin tiempo para hacer nada más.

Cuatro o cinco meses después, la culminación de nuestra aventura se dio con un viaje jamás imaginado a tan lejanas tierras, y sin otra opción más para elegir, nos sacrificamos y tomamos dos aviones para arribar a la hermosa Chiapas. Por la madrugada del día martes, horas interminables de aeropuerto, de gente ir y venir con equipajes de colores, de revisiones de maletas, de exploraciones y reconocimientos a la anatomía de Gamer por los agentes aduanales, de sillas incomodas, de azafatas desfilando, de choferes de taxi conduciendo pesimamente mal mientras nosotros hacíamos una plegaria a los dioses para no terminar tan lejos de casa y sin quien identificara los restos.

Miércoles al medio día, por fin en una ciudad extraña que nos recibía con un caos vehicular y calles cerradas por doquier. Los olores eran diferentes, la sensación de tierra mojada, de lluvia fresca y la brisa cálida acariciando nuestra piel nos trastorno un poco. En nuestra primera salida de reconocimiento a la zona terminamos extraviados, la lluvia nos alcanzó para darnos nuestro respectivo abrazo de bienvenida. Una cefalea migrañosa se apodero de mis ideas, entre en pánico no lo niego, tan lejos de casa, jugándome el porvenir, escuchando a Gamer roncar como bendito y a la mujer de los lamentos quejarse amargamente y llamar a recepción en repetidas ocasiones por que el agua caliente no estaba hirviendo, a pesar que hacía calor y teníamos el aire acondicionado a tope. Afortunadamente, como buenos médicos que somos, cargamos a todos lados con una farmacia, el cansancio del viaje y la sarta de chochos que trague, me ayudaron a ignorar la llamada de rey oso a sus oseznos -Gamer seguía roncando y la puerta amaneció rasguñada, no hay otra explicación -.

Jueves, el sol no había aparecido aun, la señora lamentos dormía plácidamente, sigilosos y con mucho estilo nos preparamos para salir, no pudiendo evitar tropezar con algunos muebles al hacerlo. Tomamos un taxi y llegamos a la cita, el lugar como cualquiera, eran los 300 que ya hacían fila los que imponían. Una señora preparaba tacos y se enjuagaba las manos en el agua donde se disponía a lavar la lechuga después de cobrar, los vendedores ambulantes hacían alarde, cualquiera habría creído que se trataba de un concierto de Balleni Rivera, por tanta venta de garnacha, las conversaciones a nuestro alrededor giraban siempre sobre los mismos temas, quejarse de los pacientes, del empleo, del clima o de lo que sea, el chiste es quejarse pues. Una hora y media después la fila avanzaba, nos hicieron quitarnos hasta el reloj, todo aparato de comunicación estaba prohibido, mesas más largas que la de la última cena llenas de computadoras esperaban pacientes por sus víctimas. El jugo gástrico se acumulaba y hacia enardecer las entrañas. Siete horas después, retome mi libertad….

Ahora esperaremos por el resultado final, el panorama parece prometedor, pero prefiero no pensar en ello.