03 febrero 2012

Un frasco de consuelo...


No sé si es tu desprecio e indiferencia el que me ha dejado este mal sabor de boca o es la aspirina masticable que me eche creyendo que era un chicle. Lo cierto es que me sangra la coronaria, estoy triste, deprimida y con ganas de mandarlo todo a volar. Escuchar de tus propios labios lo que desde hacía tiempo ya sospechaba acabo con mis esperanzas para reconquistarte y demostrarte los años maravillosos que puedo regalarte. Fui ingenua al creer que el dulzor de tu aliento no era más que eso, ahí estaba parte de la telaraña de mentiras que habías tejido, el origen de tus dolores de cabeza, la razón de mi inseguridad y preocupación, mis noches en vela degradadas a nada.

Que alguien me explique cómo piensa la humanidad porque ahora mismo yo escupo unicornios….

Tengo un paciente con hipertensión, le prescriben un medicamento para su control, va a casa lo toma de manera regular y con los días logra un estupendo control de su tensión arterial, los síntomas desaparecen y la vida parece de color de rosa. El medicamento es de fácil acceso, se consigue a muy buen precio y existen infinidad de marcas comerciales, tiene estudios de investigación médica que avalan su eficacia desde hace 30 años; existe una amplia cantidad de información acerca de sus beneficios, los efectos secundarios son casi nulos.

Y a pesar de todo esto… ese grandísimo imbécil lo deja de tomar para tragarse un par de cubitos de azúcar remojados con alcohol o sabe Dios qué escupitajo. ¿En donde está la lógica de esto? Cambiar un medicamento que contiene una sal con 30 años de investigación documentada en todas partes, por un frasco sin etiqueta con cubitos de azúcar mal remojados que solo puedes comprarle a una sola persona porque no tienes receta y a diferencia del medicamento no se comercializa en cualquier farmacia. ¿Dónde está el pensamiento racional?

Ya decía yo que ese aliento dulzón que me resoplaba no era por diabetes, sino los cuadritos de azúcar que se estaba engullendo el infeliz, dos semanas de crisis hipertensivas y dolores de cabeza, niveles de tensión arterial elevados, dudas que como termitas me carcomían las neuronas tratando de descifrar que era lo que estaba haciendo mal y va este engendro del mal a dejar mi tratamiento sin avisarme, se traga el de otro. ¡Ah! pero eso si cuando tiene síntomas de que le explota el cerebro acude conmigo para que le solucione el problema…. Será imbécil &^%$#@

5 comentarios:

ANA LAURA AYALA ARELLANO dijo...

Así son la mayoría mi estimada doctora, debo decirle que extrañaba leerla tan fresca y estupenda como siempre...pero sospecho que este texto tiene un trasfondo...será acaso?, o empiezo a enloquecer???...

Kymer dijo...

Sin trasfondo mi querida Ana Laura, solo trato de reivindicarme :)

laura dijo...

Doctora! que gusto saber de nuevo de usted y leerla con tantas cosas buenas por venir.
Los cambios siempre traen cosas buenas, así que mis mejores deseos hoy y siempre...

Un gran abrazo!

ANA LAURA AYALA ARELLANO dijo...

Reivindicarse, mi estimada medico, eso ya lo ha hecho desde cuando...

Anónimo dijo...

no seas mala doctora, tal vez esa es la unica opcion q el individuo tiene para estar cerca del alcohol o azucar, digo yo lo haria, jajaja, ntc.

Saludos =D

MC