01 agosto 2012

Sócrates ha muerto...




Atrás quedo eso de morir como en las películas, una habitación en silencio, perfumada por el aroma de las flores, el paciente en su cama rodeado de sus seres queridos pendientes de sus necesidades, diciéndole adiós o prometiéndose el rencuentro. 

Desde que la medicina se modernizo y todos eso avances lograron prolongar la vida la muerte perdió puntos. No me mal interpreten, yo hablo de la muerte anunciada, esa que se espera cuando los recursos se agotaron, después de una enfermedad crónica, de una evolución en cuyo camino la medicina ya no puede intervenir, ese al que todos llaman enfermo terminal. 

Desgraciadamente en México la atención por el servicio de tanatología no es considerada como una opción de inter-consulta en los hospitales, si lo fuera explicarían y ayudarían comprender un poco mejor en que consiste ese doloroso proceso de perder a un ser amado, que hacer y como hacer para que esa despedida anunciada se de en las mejores condiciones para las partes involucradas. Es triste encontrar en el panorama de urgencias pacientes que mueren lejos de casa, en camillas de hospital cubiertos con sabanas frías, desprovistos del aroma y el calor del hogar, rodeados de ojos extraños que solo esperan anunciar la hora de la partida. Así viven sus últimos momentos, acorralados entre ruidos y voces ajenos de la realidad que experimentan, sin compañía; es lamentable que la familia no sepa que hacer cuando la habitación comienza a oler a agonía y creen que con el traslado a un hospital el descanso de la conciencia y la resignación formara parte del certificado de defunción. 

Todos los días, hombres y mujeres que valientemente lucharon por meses contra el monstruo de la enfermedad, se despiden así….entre el murmullo de desconocidos y testigos sin invitación. 


 PD: Hay personas que deciden vivir la vida enojados, hay otras que nos atrevemos a hacer algo al respecto. Solo que ahora mismo no estoy segura de que diablos estoy haciendo.

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