04 abril 2013

Sobreviviendo a la sala de espera…



Y en lo que se deciden sacarme el riñón o esperan a que yo lo termine escupiendo, escribo. 

Anoche mientras mi hemisferio cerebral derecho dormía y se recuperaba de la súper guardia, el izquierdo pensaba en esta entrada, al diablo mi reputación, me sincerare un poco, tal vez con algo de suerte me pidan que escriba un libro sobre el tema, tendré gran éxito en las ventas que me haga ganar lo suficiente como para comprar el PS4 :P

He aquí lo que usted no sabía, nadie la había dicho o de plano usted nunca se enferma y por eso no se entera… 

Es mentira lo del juramento hipocrático, nos puede importar un bledo su salud, el ejercicio de la medicina es un negocio como cualquier otro, usted es mi cliente y yo su proveedor de servicio, la relación se convierte en “especial” porque a diferencia del carnicero, la cajera o el mecánico usted me enseña sus carnes y me confiesa algunos de sus secretos más íntimos a cambio de emitir una opinión y unas cuantas recomendaciones a su favor, tan simple como eso, sin drama o encanto, los médicos no somos súper héroes, -aunque el ego sobre saturado nos haya echo levitar como globo con helio en feria de pueblo- Si usted se cura o encuentra alivio a sus males el mérito no será nuestro, seguramente se lo achacara al milagro de un santo o alguna hierva que le recomendó la vecina, sino por el contrario no se alivia es más que claro el medico no sirve.

Para nosotros funciona casi de la misma forma, si usted se alivia es porque somos unas grandes eminencias que merecen cobrar más de honorarios, pero como somos tan buenos y estamos conscientes de los problemas de la economía hacemos un servicio social a la comunidad manteniendo nuestros precios de 8-10 veces por arriba del salario mínimo. Por el contrario sino se cura fue porque no siguió indicaciones, revolvió la medicina con herbolaria y remedios caseros o de plano surtió en el Simi. 

Y antes de ir corriendo a la CONAMED a acusarme de decir la verdad que nadie dice, pero que todos murmuran, haga favor de leer esto, le puede ser de utilidad en su próxima consulta médica. 

Citas y salas de espera. 

Quien opine lo contrario miente, a todos nos gustaría que con nada más anunciarnos se nos condujera a la puerta del consultorio sin tener que pasar por el martirio de la sala de espera.  Dejemos una cosa en claro señores “Pacientes” del latín patĭens (“padecer”, “sufrir”), adjetivo que hace referencia a quien tiene PACIENCIA, si esa capacidad de soportar o padecer algo, de hacer cosas minuciosas o de saber esperar, de eso estoy hablando. -

- Cuando acuda a su cita médica anúnciese con la señorita de recepción, la mujer no es adivina, si usted solo entra y se sienta pensara que es algún acompañante más, tampoco es necesario que le anuncie el motivo de su visita, ella poco puede saber sobre las causas del sarpullido inguinal que lo aqueja, no se mantenga de pie en la recepción queriendo conversar, ella no está ahí para entretenerlo mientras usted espera, tiene cientos de cosas que hacer además de atender el teléfono, permítale trabajar y respete su espacio.

- No se queje, jamás se queje delante de la recepcionista sobre la hora de su cita, que si ya le tocaba, que si le falta mucho por pasar, que usted tenia cita a las 2:30 y ya son las 2:50, lo peor que puede hacer es agotar la paciencia de la recepcionista, hacer esto es tan arriesgado como criticar al cocinero antes de que nos sirva el plato. 

- Una visita médica no es el momento para pasarlo en familia, pida a alguien que cuide de sus hijos en casa mientras usted se atiende, tampoco es un día en el salón así que procure encontrarse con sus amigas en algún café después de su cita. Y si de plano no puede evitar llevar a su(s) Hijo(s), recuerde llevar algún libro de colorear, un juguete y algún bocadillo por si le da hambre; si el suyo es como el 85% de los niños de ahora, entonces cerciórese que la consola portátil de videojuegos este cargada y solo por si acaso échese el cargador al bolso, a la recepcionista no le importara que el chamaco se enchufe en alguna esquina si con eso se mantiene inanimado y en silencio.

 - Si quiere ver cómo le salta la vena a la mujer de recepción, entonces le invito a llevar a sus hijos y dejarlos sueltos como chivos de granja, déjelos corretear por todos lados, que griten mientras van saltando a las piernas de los pacientes que también esperan; solo recuerde que yo le advertí con eso de meterse en la cocina de quien le servirá la sopa, después no se aceptan reclamaciones. Las recepcionistas tienen una memoria similar a la de un elefante, pueden pasar meses para que regreses, incluso años pero jamás olvidan una cara, mucho menos una impresión, una vez que entras en la lista negra de una de ellas ya no hay marcha atrás, por más chocolates y regalitos que les des. Que no te sorprenda que cuando vuelvas a llamar para agendar tu próxima cita te den el peor día en el peor horario. 

- Es de mala educación preguntarle al vecino de a lado el motivo de consulta, si quieres conversar lo puedes hacer, pero evita dar recomendaciones de herbolaria y cosas de chamanes o hablar mal del médico que todos están esperando ver, recuerda que la recepcionista tiene la capacidad de hacer 10 cosas a la vez, cuando a ti te parece que está atendiendo una llamada, en realidad está escribiéndole una carta a su novio mientras chatea con su hermana y sube comentarios a facebook, ordena el pedido de suministros, atiende una llamada para una cita y llama a la florería para ordenar una docena de rosas por encargo de su jefe mientras se le ocurre un poema para escribirle a la tarjeta, pero sobre todo también te pone atención a cada cosa que dices, haces o piensas en hacer.

- Un horario de cita no significa nada, solo reserva un espacio de tiempo en un día de trabajo, para que el medico programe mejor su partido de golf. Que te den una cita con horario, no significa que pasaras exactamente a esa hora o en ese tiempo determinado, en días muy saturados, esos ángeles llamados recepcionistas, nos pueden llegar a agendar un paciente cada 15 minutos, sin embargo a cada quien se le da el tiempo que merece considerando sus necesidades y esto siempre lo retrasa todo. 

- Si por alguna razón acudes sin cita solicitando atención, la cosa funciona así: en el momento en que un citado no llegue o este retrasado entras tú, eso puede ser tan rápido como arrancarse una bandita o tan lento como una carrera de caracoles, tendrás que llevar una doble dosis de paciencia y comprensión, que pagues la entrada no te da derecho a mandar en el juego.

- A menos que exista una contraindicación para ello, procura comer bien antes de tu cita, nada pone de mal humor que tener hambre y esperar y esperar y esperar… 

- Es válido llevar tu ipod o reproductor para escuchar música, pero con un volumen moderado, a nadie más que a ti le interesa escuchar los éxitos de los Ángeles Azules.

- Recuerda que las revistas de los consultorios son dignas de cualquier hemeroteca, todas son tan viejas como la imprenta misma y están más manoseadas que un aguacate en oferta, si eres quisquilloso en la lectura, llévate un buen libro o revista favorita, ponte cómodo y olvídate del lugar en el que estas.

- Y cuando por fin hayas concluido tu viacrucis y estés a punto de retirarte, se amable y agradécele al torso detrás del mostrador regalándole una sonrisa, si seguiste mis recomendaciones es posible que ya seas un cliente VIP sin saberlo. 


 Próximamente como sacar el máximo provecho a la consulta médica….


2 comentarios:

Laura dijo...

DOCTORA:

Un post interesante sin duda, las veces que me ha tocado ir al medico me pasa algo curioso: Siempre procuro agendar temprano y siempre me gustaria pasar al ultimo...jajaja.

Por otro lado aprovecho para saludarla y decirle que se le extraña, ojala podamos verla mas seguido por acá, cuideseme mucho...

P.D. Estaría genial si nos regalara un post de ¿que hacer cuando tu madre te acompaña al medico?, mire que hay muy buenas historias..

Anónimo dijo...

Con mucha tristeza puedo confirmar eso...esto es mero negocio.