22 agosto 2013

No estaba muerta, andaba de guardia...




Más de lo mismo o mucho de todo, a veces me es difícil discernir entre una cosa y la otra. Estoy en calma, contenta, tranquila y como el buen vino…recolectando polvo en el rincón de un cuartucho oscuro, pero así es este servicio, los consultorios carecen de ventanas, vestigio del arquitecto invidente que diseño el lugar. 

La pregunta que me satura la bandeja del correo electrónico por estos días, ¿Que paso Kymer, porque ya no escribes? Si usted fuera yo, optaría por no hacerlo después de meterle mano a más de sesenta señoras parturientas por noche, las guardias las termino con la mano en garra, ¿así quién va a poder sostener un lápiz? Pretextos siempre sobran y esté además de bueno es incapacitante, así que efectivamente archive mis memorias y mis bizarras experiencias para días más tranquilos, pero después, sip hubo un después con suspiro incluido, se apareció una mujer con tremendo recipiente de gomitas, que me puso a temblar, ¿y como no? Si casi me da un coma diabético por zamparme tanta azúcar.

Pero ya aprendí la lección, es mejor mantener las historias románticas al margen, la evidencia se desborda en mi tomo de anécdotas en esa materia, y si bien en base a mi historial podría usted concluir que seguramente, esta también podría resultar ser otra loca de remate con una capa protectora que aún no se desgasta lo suficiente como para mostrar el cobre, las negras intenciones y todos los adjetivos maliciosos que guste usted guste y desea agregar, también podría regalarme el beneficio de la duda y esperar a ver si un día de estos me sale la jugada o la respuesta me da en la cara. 

No lo niego tengo pánico escénico y prefiero evitar la palabra novia, noviazgo y por supuesto calificativos de dimensiones más complejas como: la señora que me da sus carnes o la dueña de mis fantasías sexosas. Así que dejémoslo como el ente que me da felicidad y cerremos el capítulo. Muy bien, entonces hasta ahora va una mano en garra, yo vomitando gomitas hasta por la orejas, guardias en cada esquina que te absorben el alma y te dejan como zombi mientras me dedico a la galaneada en mis ratos libres, una que otra noche bohemia, bodas a la intemperie, bautizos sin agua bendita, bienvenidas de bebes que ni conozco y cuanta fiesta se me ponga en frente, porque el verano se hizo para eso, y si algún día me caso lo haré en diciembre, nada más para llevar la contra y hacerles pasar un mal rato. 

 Dicho todo esto, ahora puedo agradecer la misa que solicito en mi honor una amable lectora ante la sospecha de que mi ausencia se prolongaría hasta el final de los tiempos - y ya estuviera coqueteando con alguna de las once mil vírgenes bajo la mirada despectiva de San Pedro- pues no, aquí sigo, estoy bien, tranquila, contenta, trabajando duro, disfrutando los días, las etapas y preparando el terreno para la mejor de la cosechas.