24 marzo 2015

Tiempo de espera...






Y aquí voy, tratando escribir mientras floto por encima de las nubes, no llevo arpa ni alas, solo voy en un avión. En una horas tendré una cita con el destino, solo es cuestión de tiempo para ver cuál ha de ser el horizonte en el que se vislumbre mi futuro…. 

48 horas después……… 

Debí intuirlo a tiempo, pero la ansiedad que acompañaba la situación me distrajo. Debí sospecharlo cuando la aerolínea cancelo el vuelo y me puso en otro, cuando el hotel no me garantizaba la reserva a expensas que la realice con tres meses de anticipación, cuando el chofer del taxi nos paseó y nunca nos llevó a la dirección que le indique, cuando la mujer del hotel salió con la excusa que le fallaron las cuentas a la hora de check in y nos volvió a cobrar, cuando estuve más de 18 horas haciendo una fila para una plaza de trabajo o cuando vomite en un taxi. 

Este viaje fue distinto, por primera vez no viaje sola, lo que hizo la estancia en la sala de espera más agradable y pasajera….en el recuento de los daños, eso fue lo único agradable. Eso de compartir itinerarios, sincronizar horas de sueño y formas de dormir no es de Dios. Sobre todo cuando te toca un par que ronca como un osezno perdido llamando a su madre. 

No lo olvidare pronto, como podría hacerlo, soy un soldado reviviendo de vez en cuando los traumas de la batalla. Llegamos en manada a la ciudad de México, un domingo por la tarde, pagamos un taxi que nos llevara al hotel, el vuelo había generado nausea y mareo en más de uno, y el aterrizaje no ayudo. Al llegar al hotel la reservación estaba mal, hicimos la aclaración y no hubo mayor problema, pagamos la totalidad de la estancia y subimos a descansar, después siguió la cena, si a eso se le puede llamar comida, aquello termino en un dos a uno, es decir, dos compañeros con gastroenteritis y un vomito en proyectil. 

En el día libre hicimos un reconocimiento de la zona, que si la estación del metro por aquí, el puesto de quesadillas (sin queso) por allá y poco más. Segundo día con documentos en manos y sin desayunar -gracias al deficiente servicio de hotel- esperábamos realizar nuestro trámite. La odisea comenzó a las ocho de la mañana y término o por lo menos la primera fase, a las doce de la noche. 

Ahora tengo trabajo del tipo institucional, aprendo algo nuevo todos los días, hago muchas horas extras porque eso ayuda a mantener mi imaginación ocupada. Aprendí que la decepción es una medicina amarga, en ocasiones necesaria para pasar a mejores cosas, o por lo menos esa es mi teoría, en vista de que disfrazarte con insultos y tragos de whisky no funciono la primera…. Mucho menos la segunda vez :P

1 comentario:

Lili dijo...

Felicidades doctora!! Que gusto volver a leerte :) te mando abrazos y besos. Lili :D