29 abril 2015

Elefantes rosas....




Pareciera que en ocasiones la realidad y lo que deseamos toma un cauce natural y todo se da en automático. Lo pensamos, lo deseamos y sucede. Pero otras veces, la diferencia es notable, tan notable como un elefante en la habitación. 

Desde hace algunas semanas vive un espécimen de esos en mi habitación, un buen día llego y se plantó así sin más, cometí el error de ignorarlo y poco a poco se fue apoderando del espacio y mi sanidad emocional. Mis deseos y anhelos se extraviaron, en ocasiones los imagino traspapelados en el escritorio desordenado de algún burócrata del olimpo. 

Aprendí que el ignorarlo no lo hace desaparecer, me senté a esperar a que ocurriera algo extraordinario, lo que nunca paso. Ese gigantesco animal por semanas se alimentó de mis miedos, inseguridades, rencores, emociones negativas y autodestructivas. No puedo aniquilarlo del todo, pero por lo pronto le he construido un corralito y pretendo ponerlo a dieta, dejar de alimentarlo para que se encoja un poco, quien sabe a lo mejor me sale el experimento y lo convierto en algo más productivo y menos estorboso… 

Lo que deseo no es posible, se requiere de dos para intentarlo y a este equipo le falta un integrante, creo que fue la razón del arribo del invitado incómodo. Nunca es fácil avanzar contracorriente pero no estoy en humor de rendirme.


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